Elisabeth Loftus y los recuerdos falsos

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¿Es posible modificar nuestros recuerdos?

Elisabeth Loftus demuestra que sí.

 

¿Cuál es tu primer recuerdo?

Recuerda todo de él. Los sentidos y las emociones que te evoca. Siento decirte que probablemente ese recuerdo de tu infancia no sucedió cómo crees. Un recuerdo es un archivo editable cada vez que lo recuperas. Es decir, cuando un recuerdo lo evocas es modificable, por lo que cabe el riesgo que los guardes modificado y que la próxima vez que te venga a la mente te venga el recuerdo modificado.

Normalmente recordamos fácilmente aquello que afecta extraordinariamente nuestros sentidos. Por ejemplo, una alegría muy intensa o la muerte de un familiar cercano. Probablemente, un recuerdo de este tipo te ha venido a la memoria. Pero la memoria no funciona como una cámara de video y puede entremezclarse con otros eventos o experiencias o incluso con una creencia.

Aparentemente, esto parece inofensivo, pero en un juicio equivocarse puede implicar que alguien pase muchos años en la cárcel por un delito que no ha cometido. Según Loftus, la gente acepta el testimonio de testigos oculares porque creen que la memoria puede almacenar eventos de forma precisa y reproducirlos más adelante.

 

¿Es confiable la memoria?

Elizabeth Loftus ha demostrado repetidamente cuán poco confiable es la memoria, llegando a demostrar que los adultos pueden tener recuerdos falsos enteros implantados en sus psiques.

En la década de 1970, Loftus publicó una serie de estudios influyentes sobre la falibilidad del testimonio de los testigos oculares. Su papel en casos legales que involucran acusaciones de abuso sexual infantil basado en recuerdos recuperados la ha convertido en blanco de demandas y amenazas de muerte, y su investigación sobre el uso de recuerdos falsos para modificar el comportamiento es considerada por algunos como poco ética.

De hecho, los datos demuestran que de las más de 250 personas condenadas injustamente que han sido exoneradas con base en pruebas de ADN (personas que pasaron un promedio de 13 años en prisión por delitos que no cometieron), la identificación errónea de testigos fue un factor determinante en más de las tres cuartas partes de los casos.

Viendo esto, Loftus empezó a realizar experimentos para ver con qué facilidad se podía influir en los recuerdos de las personas solo por la forma en que se formulaba una pregunta. En uno, a los sujetos se les mostró una película de un accidente automovilístico después de la cual se les pidió que respondieran sí o no a preguntas sobre lo que habían visto. Simplemente sustituyendo el por un (como en «¿Viste el / un faro roto?») hizo que los sujetos fueran más propensos a afirmar que habían visto algo que no estaba en la película.

En otro experimento, enseñando una foto de dos coches accidentados, cambió el verbo en la pregunta «¿Qué tan rápido iban los coches cuando se chocan entre sí?». Cuando en la pregunta se cambió “chocan” por “aplastan» los sujetaros que tenían que estimar a qué velocidad iban indicaron una velocidad media mayor en aplastados. Por otro lado, incluso el segundo grupo luego dijeron que habían visto vidrios rotos en el suelo (cuando no era así).

Viendo como de fácil es implantar un recuerdo a alguien, Loftus comenzó a investigar si la maleabilidad de la memoria humana podría usarse para inducir recuerdos falsos, pero saludables. ¿Qué pasaría si a una persona se le pudieran implantar recuerdos para reducir su consumo de alcohol? O ¿Qué pasaría si le dieran recuerdos positivos asociados con alimentos saludables a una persona con sobrepeso?

Loftus es muy criticada por la ética de su trabajo, y más teniendo en cuenta que lo que más representa nuestra identidad son nuestros recuerdos.

Y tu, ¿estarías dispuesto a modificar tus recuerdos para mejorar tu futuro?

 

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