La importancia de olvidar para aprender

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Desde el siglo XIX, el mecanismo del olvido ha sido uno de los temas favoritos de los psicólogos por la importancia de la memoria en el funcionamiento de la actividad intelectual como un todo. 

Sus orígenes se remontan a las lenguas prehistóricas indoeuropeas, en las cuales la raíz lei-w dio lugar en latín al verbo oblivisci ‘olvidar’, que derivó en latín vulgar al verbo oblitare, que significa «pérdida de la memoria de un suceso»

Tradicionalmente, los fenómenos de olvido se han considerado consecuencia de un sistema cognitivo que, a veces, muestra fallos en su funcionamiento. 

El olvido como gran aliado

Aunque parezca contradictorio, el olvido es el mejor amigo del aprendizaje, no su rival. La investigación reciente en este campo sugiere que olvidar cierta información facilita el recuerdo de otra relacionada. Olvidar una buena parte de lo que hemos aprendido no es necesariamente una evidencia de pereza, de déficit de atención o no aprobable. Es una señal de que el cerebro trabaja como debe hacerlo: el olvido no sólo es un proceso pasivo de decadencia, sino también uno activo de filtrado. Bloquea la información molesta y elimina el desorden inútil. 

Lo que olvidamos se puede plasmar en una gráfica en forma de curva, que representa la pérdida de memoria versus el paso del tiempo, mostrando la velocidad con la que la información recién aprendida se desvanece de nuestra memoria. 

Se sabe que la memoria tiene dos capacidades sólidas: una para almacenar y otra para recuperar, y los recuerdos tienen múltiples formas: fechas, números, recitales, canciones… Además, nuestra capacidad para recordar datos específicos es variable, siendo un espectro multiforme con una múltiple diversificación.

Aun así, la reducción y el desvanecimiento de nuestra memoria facilita un aprendizaje más profundo una vez se detecta de nuevo este dato o recuerdo

Olvidar para aprender es necesario

Olvidar para aprender, pues, no es contradictorio: El principio de la dificultad deseable (Bjork, 1994) se sustenta en que el aprendizaje es más duradero y efectivo cuando requiere un esfuerzo. Cuanto más intentamos recuperar un recuerdo, mayor será nuestra capacidad para recuperar y almacenar a posteriori, es decir, de aprender.  

La ciencia cognitiva y la biología cerebral nos ofrecen dos principios básicos: usar la memoria la altera a ella misma, y olvidar da lugar a profundizar el aprendizaje, filtrando la información que nos distrae y dando paso a algún olvido que después de reutilizarlo, aumentará el poder de recuperación y de almacenaje mayor al poder original.

En consecuencia, olvidar es esencial para adquirir nuevas habilidades para la conservación y readquisición de las antiguas. Pero importante es mencionar que cuanto más imágenes o significados haya en un conocimiento, como por ejemplo un poema, habrá más capacidad de despertar los recuerdos.

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